Pureza genética en donación de gametos: una escalada al precipicio

Pureza genética en donación de gametos: una escalada al precipicio

Según el I informe de la Comisión Nacional de Reproducción Humana Asistida de 1998 la donación de gametos es, conforme a lo establecido en la Ley de Reproducción Humana Asistida, “un contrato gratuito, formal y secreto entre el donante y el centro autorizado”, que no debe tener nunca “carácter lucrativo o comercial” ni, por tanto, estar guiada ni promovida por el interés económico. Estos preceptos legales resultan conformes a los principios éticos que se considera que deben orientar la donación, tanto en este campo como en otros ya establecidos. Esta consideración es común a todos los países en los que se practica la reproducción asistida, y se estima que no debe ser sustituida en la legislación española por otras disposiciones que abran el paso a la donación de carácter lucrativo o comercial. Detrás de esto se encuentran artículos de la ley de reproducción Humana Asistida que obligan a que la donación sea anónima y que sea el equipo médico el único responsable de la asignación del donante.

Durante años, estos preceptos legales han hecho que no se establecieran categorías entre los donantes pues la responsabilidad del equipo médico era garantizar la prestación de un servicio a todos los usuarios por igual. Esta equidad es la que evitaba la comercialización de los gametos donados, y facilitaba que la compensación a los donantes fuera siempre la misma independientemente de las características del donante. De lo contrario, se hubiera caído en un mercantilismo en el cual a mayor probabilidades de éxito, mayor coste económico. O a determinadas características físicas especiales, mayor coste económico.

La ley española ha evitado la implantación de bancos “elitistas” (por ejemplo, premios nobel) como los que han existido en otros países. O simplemente catálogos de donantes con diferentes costes según la calidad del semen de estos, o si tienen o no fertilidad probada. Pues se antepone el principio de equidad asistencial, es decir, la prestación de un servicio con las mismas garantías para todos los usuarios.

Sin embargo, actualmente, con el desarrollo de los screening genéticos están apareciendo diferentes categorías de donantes según la “pureza” genética del donante. Cuanto menos riesgo de ser portador, mayor coste para la paciente. Rompiendo el principio de equidad asistencial existente hasta ahora.

Consideramos que no debe ser obligatorio para los pacientes realizarse estudios genéticos de portadores y que pueden realizarse técnicas con donantes que solo tienen realizado un screening básico de portadores de enfermedades genéticas (de 1 a 15-20 enfermedades). Y, por supuesto, que se debe ofertar con claridad la posibilidad de matching genético a las parejas usuarias de gametos de donante o que se someten a un tratamiento de reproducción asistida normal, asumiendo el coste adicional que dicho servicio preventivo supone. Son dos procedimientos (usar gametos de donante con un simple screening o realizar matching genético) diferentes, que requieren de un consejo genético diferente.

Hay que evitar la mercantilización de los gametos

Pero lo que creemos que resulta inadmisible, desde un punto de vista bioético, es que según aumente el número de enfermedades analizadas en un donante y se garantice que está libre de ser portador de estas, se incremente el coste del servicio, pues se cae en la mercantilización de los gametos (por ejemplo, donantes libres de ser portadores de 10 enfermedades, tienen un coste, y donantes libres de 20 enfermedades, tienen un coste superior al anterior, y así sucesivamente). Sobre todo cuando el consejo genético a realizar es el mismo, variando únicamente el número de enfermedades. Esta manera de proceder, haría que en el caso de que resultara un niño afecto, los padres se sintieran culpables de la enfermedad de su hijo. Y deposita toda la responsabilidad en los pacientes, muchos de los cuales podrían desechar la opción reproductiva por ello.

Adjetivos como “top”, “selecto” o “estrella” aparecerían rápidamente y no haría nada más que banalizar las opciones reproductivas y aproximarnos a la eugenesia. Al igual que durante años los centros garantizaban una calidad mínima de sus gametos y el coste del servicio era el mismo, independientemente de si eran donantes de semen con 90 millones/mL o 200 millones/mL o donantes de ovocitos con fertilidad probada o no. Hoy en día se deberían ofertar a los pacientes dos alternativas de estudio y consejo genético en la recepción de gametos, una con el screening básico que marca el centro (1 ó 5 ó 20 enfermedades, según el criterio del equipo médico, pero siempre el mismo screening genético básico) o la realización de matching.

Otra categorización de donantes es aquella basada en la similitud fenotípica, que por ley debemos buscar entre donante y receptores. Esta surge con la posibilidad de cuantificar dicha similitud con programas de reconocimiento facial. Lo que permite hablar de una similitud del 80% o del 50%. A mayor similitud, mayor coste. Esta oferta, además de generar unas expectativas en el parecido entre progenitores y descendencia que no son reales, genera, al igual que con lo comentado para los estudios genéticos, una comercialización y banalización de los deseos reproductivos. Al igual que antes, es el equipo médico el único responsable de dicha asignación y lo que debe hacer este es explicar su manera de proceder, y garantizar que cumple sus protocolos de asignación fenotípica.

Cualquier otra estratificación o categorización de los donantes resultará en una carrera sin sentido que fácilmente nos llevará a la mercantilización de la donación de gametos. Es responsabilidad de los centros no abrir esta puerta, que nos puede llevar al lado más oscuro de la medicina reproductiva.

2018-10-02T10:38:16+00:0001/10/2018|Categorías: Destacados, Sector|

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