No tendrá tus ojos, pero sí tu mirada


 

AINHOA BÚA


16-12-2019

En nuestra cultura actual todavía se concede una gran importancia a la influencia de los genes en el desarrollo de la persona, es decir, existe una tendencia a considerar que aspectos como la personalidad dependen exclusivamente de la genética. Frente a este modelo más tradicional se ha planteado un modelo alternativo que toma en cuenta de modo significativo los factores psicológicos, sociales y culturales junto con los biológicos y medioambientales como determinantes en el desarrollo de todas las áreas personales.

Aquellos que defienden el derecho a conocer el origen genético argumentan que las personas concebidas por donación de gametos tienen derecho a forjar una identidad saludable, y por tanto tener acceso a la identidad del donante es necesario para proteger este aspecto.  También se cree que ayuda a dar sentido a los talentos, intereses o características físicas.

vínculo afectivo

Las investigaciones realizadas hasta la fecha demuestran que no existen diferencias en la formación de la identidad entre hijos nacidos por donación de gametos e hijos concebidos naturalmente. El derecho a conocer el origen no implica que éste deba ser el genético, ya que existen factores sociales y culturales que determinan el desarrollo de la inteligencia y la personalidad. Las habilidades, talentos e intereses necesitan un ambiente que favorezca su formación y expresión. También algunos aspectos de nuestra personalidad como la identidad, la autoestima y el autoconcepto, se configuran a lo largo de todo el proceso evolutivo, en función de la calidad de nuestras relaciones familiares y sociales. Por lo que el impacto de la genética es cuanto menos cuestionable. Además, numerosos estudios comparativos demuestran que el ambiente donde nos criamos es determinante para el éxito académico y social. Por tanto, no es una cuestión de origen, si no de oportunidades para el desarrollo.

La afirmación de que es necesario conocer el origen genético para el buen desarrollo de la identidad, contrasta con aquellos casos en los que se desconoce el origen genético y hay un buen ajuste de la personalidad. Esta adaptación a las diferentes áreas de nuestra vida, a pesar de desconocer el origen genético se da no solo en niños nacidos por donación, si no también en aquellos concebidos de forma natural, ya que muchos padres deciden ocultar información genética a su descendencia por diversos motivos. Por tanto, esta información no es determinante a la hora de forjar la identidad propia. Además, el no anonimato pondría indirectamente la etiqueta de “no normalidad” a niños concebidos con gametos donados, pues se transmite la idea de que solo aquellos que tienen el privilegio de conocer su origen genético serían “normales”.

Por otro lado, se ha equiparado en numerosas ocasiones la adopción con la donación de gametos, partiendo de la idea de que en ambos casos la carga genética es ajena a los padres no progenitores. Sin embargo, en la donación de gametos los descendientes sí son concebidos por alguien de su familia, es decir, en la donación de gametos existe una madre gestante. Además, gracias a los numerosos estudios sobre epigenética que se desarrollan en la actualidad, tenemos constancia de que la madre es capaz de modificar genéticamente la expresión de los genes del embrión durante la gestación, participando activamente en la información genética del niño, que se verá complementada en el futuro por la influencia del ambiente.

En conclusión, el ambiente en que se criará el niño va a determinar sus hábitos, sus costumbres, sus valores y su forma de entender la vida. Todo esto se lo transmitirán los padres a través de la educación, con independencia de que la carga genética que el niño tenga, sea o no la de uno de ellos.

Ainhoa Búa
Psicología clínica en CEIFER Biobanco | Artículos

2020-01-23T13:08:42+00:00 16/12/2019|Categorías: Revisión|

Déjanos tu comentario